Lluvia fina, de Luis Landero

Nadie le preguntaba nunca nada, quizá porque nadie sospechaba que acaso ella también tuviese algo que contar, algún júbilo, alguna pena, y no digamos algún secreto o alguna historia sacada y moldeada con el barro diario de la vida, como les pasaba a los demás, que apenas vivían algo, por insignificante que fuese, enseguida corrían a contárselo a alguien.

Todas las referencias a la obra de Luis Landero que he escuchado o leído han sido muy positivas. Las críticas a sus libros siempre son excelentes, y las ediciones que he ojeado en las librerías vienen con sinopsis tremendamente atractivas. Así, con el tiempo he acabado adquiriendo El balcón en invierno y Juegos de la edad tardía, que todavía tengo por leer. Lo mismo me ocurrió hace unos días con Lluvia fina, cuya crítica en prensa me impulsó a comprarlo y, esta vez por fín, empezar a leerle.

Al acabar de leer esta novela me he obligado a pensar detenidamente cuál era mi opinión sobre ella, porque no me ha sido fácil saberlo. Hay que tener cuidado, porque cuando uno tiene expectativas excesivamente altas, el hecho de que el libro no las cumpla hace que la moderación de ese entusiasmo se confunda con decepción, y tampoco eso sería exacto.

La historia de Lluvia fina parte de las reflexiones de Aurora, depositaria de la confianza del resto de personajes, que acuden a ella para desahogar la tensión de sus vivencias, recuerdos y traumas. Personajes de una familia carcomida por el odio, el rencor y las contradicciones, que van compartiendo con Aurora (y con el lector) las vivencias de un pasado cruel, y las secuelas que arrastran de aquellos hechos.

De esta forma vamos conociendo a las hermanas Sonia y Andrea, cuya felicidad y madurez acaba hudiéndose en el sumidero de los años por culpa de una madre autoritaria e injusta, prototipo de Bernarda Alba, y de un hombre muy extraño, Horacio, un villano digno de las actuales series de terror psicológico. Ambas mujeres, hermanas a su vez del infantil e inconsistente Gabriel, la actual pareja de Aurora, explican sus recuerdos sobre los mismos hechos y las mismas personas de una forma totalmente opuesta y contradictoria. Eso conforma el principal tema de la novela: cómo la versión de unos hechos, el recuerdo de unas vivencias y las consecuencias que tienen para alguien unas palabras, no tienen que ser necesariamente la verdad.

Porque, además, como reflexiona Aurora:

Lo que el olvido destruye, a veces la memoria lo va reconstruyendo y acrecentando con noticias aportadas por la imaginación y la nostalgia, de modo que entonces se da la paradoja de que, cuanto mayor es el olvido, más rico y detallado es también el recuerdo.

Sin embargo llega un momento en la narración en que la crueldad de la historia que le cuenta Sonia a Aurora es tan extrema que nos hace arrugar un poco la nariz. Si lo que nos está contando es cierto, no podemos evitar pensar que su pasividad es incomprensible, y que las consecuencias de todo ello son bastante inverosímiles. En algunos fragmentos, la actitud de ambas hermanas me parece infantil y poco real.

A pesar de ello, a medida que la novela avanza, uno se va dando cuenta de que, con independencia de las historias y los recuerdos de ambas hermanas, el personaje de Aurora se va desvelando como la auténtica víctima de todas esas tramas y esos odios. Las historias contradictorias que todos los personajes le van vomitando en las sucesivas conversaciones, van calando en ella poco a poco, como esa lluvia fina que crees soportar sin molestia pero que te acaba dejando totalmente empapado.

Leo en diferentes artículos de opinión que el final de la novela es lo más flojo por ser excesivamente duro. En cambio a mí es la parte que más me ha gustado. Esos ultimos minutos en los que acompañamos a Aurora de vuelta a su casa son especialmente tristes. Pero, maldita sea, justo cuando la historia parece que nos va a regalar lo que para mí habría sido lo más importante: las versiones en primera persona de la madre y de Horacio, la novela termina de la forma más abrupta posible.

Parece ser unánime la opinión de que este es el libro de Landero más triste y duro, y por lo visto el resto de su obra contiene muchos más elementos de humor y realismo. Afortunadamente Lluvia fina me ha dejado con ganas de comprobarlo.


La edición

Sexta edición (julio 2019) que publica Tusquets en el mismo formato de tapa blanda que su primera edición de marzo del mismo año. Las ediciones de la colección Andanzas son buenas en formato y comodidad, así que nada que objetar al libro, presentado con elegancia y sin errores.

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