Un episodio nacional, de Carlos Mayoral

“Cada personaje de novela es único y entre sus mil aristas cada lector decide con cuál se deja herir, con cuál se deja atrapar. (…) Lo realmente importante es ahondar en las interioridades de Higinia, del Valerita, de Millán Astray, de Galdós, de Emilia, de Laura. Todo lo que no sea esto es pegarle fuego al sentido indagador del arte y, por tanto, es condenar a la novela para siempre”

Cuando uno se compra una novela que parece estar protagonizada por el rey de los dioses de la literatura española, lo hace pensando en que tal vez se encontrará una nueva puerta al universo de aquellos personajes, escenarios e historias con las que tanto se emocionó. Un episodio nacional consigue entreabrir una de esas puertas lo suficiente como para que el lector pueda ver aquella luz y respirar aquel aire del Madrid galdosiano, pero nos mantiene en el umbral sin acabar de invitarnos a entrar.

De todas formas, lejos de ser una novela pobre, la novela contiene los suficientes elementos como para que valga la pena su lectura, tanto para los fans de Galdós como para los que disfrutan de las novelas históricas. Se nota que Carlos Mayoral conoce a la perfección la obra, los personajes y el estilo de Galdós, y su estilo de escritura es de una calidad admirable. Pero, lamentablemente, no deberíamos dejarnos engañar por la atractiva sinopsis de la contraportada.

El famoso crimen de la calle Fuencarral sirve de escenario para las andanzas del joven Melquíades que, cargado de humos de escritor, da tumbos por el Madrid de 1888 mientras espera poder cazar, cual rémora, la inspiración dentro de la estela de su ídolo. Pero tras un comienzo prometedor, al cabo de pocos capítulos el personaje empieza a hacerse más antipático e incomprensible. A pesar de tener unos excelentes ingredientes para empezar a escribir (el crimen, el juicio, la compañía de Galdós), Melquíades enseguida se abandona a caprichos e impulsos propios de cualquier adolescente, y obliga al lector a acompañarlo en amoríos que, a pesar de servir como homenajes al feminismo (Laura) y a uno de los personajes más memorables de Galdós (Nela), no me interesaron lo más mínimo.

Por su parte, el personaje de Benito Pérez Galdós es un poco desconcertante. Del mismo modo que con Melquíades, en un principio vemos con emoción cómo Galdós se interesa, se involucra e interactúa con los protagonistas del crimen de Fuencarral, lo que nos hace sospechar con ilusión que iremos viendo cómo la maquinaria de su mente empezará a hilvanar esa literatura realista que le convirtió en el más grande. Lejos de eso, en breve Galdós pasa a ser un personaje ausente, mudo, desinteresado por la historia del crimen, casi alelado. ¡¿Por qué?! Siendo el autor capaz de ello, ¿por qué desaprovechar la oportunidad de hablarnos de lo que realmente maquinaba su mente durante aquellos sucesos?

Reflexiona Melquíades en un momento de la novela:

Cada personaje de novela es único y entre sus mil aristas cada lector decide con cuál se deja herir, con cuál se deja atrapar. (…) Lo realmente importante es ahondar en las interioridades de Higinia, del Valerita, de Millán Astray, de Galdós, de Emilia, de Laura. Todo lo que no sea esto es pegarle fuego al sentido indagador del arte y, por tanto, es condenar a la novela para siempre.

En lugar de ello, Mayoral sí nos adentra con acierto en la relación entre Galdós y Emilia Pardo Bazán. Ahí la historia sí brilla. El personaje de Pardo Bazán es uno de los más atractivos e interesantes, y las alegrías y desasosiegos que comparte con Galdós y la sociedad de su época son tal vez los mejores momentos de la novela. Entonces sí vemos a un Galdós que no es ya una figura de cera, sino que piensa, reacciona, disfruta y sufre.

Con todo, Un episodio nacional contiene los detalles del proceso judicial que se llevó a cabo para resolver y ajusticiar aquel crimen, y se retrata bastante bien la división entre higinistas y valeristas de la sociedad madrileña, así como la implicación e influencia de los actores políticos y de la prensa. Eso ya es de por sí es de interés suficiente para cualquier lector. Asimismo, los lectores de Galdós se alegrarán con algunos cameos de personajes (Marianela, Villaamil) y escritores de la época (Clarín, Baroja).

Sin embargo, y citando ahora una de las últimas frases de la novela:

Los personajes de novela tienen eso: de su manera de analizar la realidad depende el éxito de la obra.

Pues eso.

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